Antonio Bolívar
Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Granada (España)
Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Granada (España)
I PARTE
En estos tiempos de reestructuración y reconversión del sistema escolar heredado de la modernidad, los centros educativos se ven obligados a aprender a responder a las demandas de un entorno incierto, turbulento, inestable, sin esperar ni confiar en reformas estructurales. De este modo, se pretende favorecerBen lugar de estrategias burocráticas, verticales o racionales del cambioB la emergencia de dinámicas autónomas de cambio, que puedan devolver el protagonismo a los agentes y Bpor ello mismoB pudieran tener un mayor grado de permanencia. En estas coordenadas se inscribe, y puede ser productiva, el modelo de las organizaciones que aprenden (learning organization, en la terminología originaria). He advertido en otras ocasiones (Bolívar, 2000a) de la necesidad de situar debidamente esta propuesta, de forma que pueda estimular iniciativas de mejora, en lugar de distraernos con teorías novedosas que dejan intacta la realidad. Una prometedora imagen de futuro como ésta, tiene que tener presente tanto las realidades de que partimos como a dónde queremos ir.
Una amplia literatura ha tratado este tema, procedente del ámbito de la organización y gestión empresarial; empezando a aplicarse a los centros educativos (Fullan, 1993; Dalin y Rolff, 1993; Leithwood y Louis, 1998, Leithwood, 2000; Senge y otros, 2000 ). Por eso, es momento para preguntarse en qué sentido es coherente pretender que los centros educativos sean organizaciones que aprenden, de modo que impida recaer en errores cometidos con anteriores transferencias de estrategias del ámbito empresarial. En unos casos, quedaron como huidas hacia adelante que dejaban las cosas como estaban, mientras entretenían al personal; en otros, en orientaciones que conducían a desmantelar, más que a potenciar, la escuela pública.
En un libro reciente (Los centros educativos como organizaciones que aprenden), además de exponer algunas de las dimensiones relevantes del aprendizaje organizativo, con una amplia revisión de lo que sabemos sobre el tema, me he planteado específicamente esta cuestión. Yo estimo, por un lado, que precisamos una reconstrucción educativa del modelo, como dice Hargreaves (1998: 23), "tenemos que renovar el mismo concepto de aprendizaje de la organización de manera que se ajuste mejor a la realidad de la escuela pública". Por otro, ante la grave crisis de estrategias de gestión del cambio, la teoría de las organizaciones que aprenden ofrece un marco relevante y prometedor, a condición de que no se olviden sus limitaciones (internas y externas) en su aplicación a los centros públicos. Por eso, me he permitido subtitular el referido libro con promesa y realidades. La prometedora visión para las escuelas del futuro debe ser contrastada con las realidades, para no creer ingenuamente que podamos, o más aún que sea deseable, contar con "escuelas Toyota".
Después de haber reconocido a los centros escolares una cultura y especificidad organizativa propia, desandando el camino, podemos volver a recaer en acudir a los modos más "progresados" de organización en otros ámbitos, creyendo que Bpor eso mismoB sean más "progresistas". )Hay algo más, que haga relevante la teoría del aprendizaje organizativo
y de las Organizaciones que Aprenden?. Creo que sí, a condición de saber reconstruir educativamente la idea y el modelo (por ejemplo, como "comunidad profesional de aprendizaje"), tomando Bpor tantoB las debidas preocupaciones para que pueda contribuir a potenciar el desarrollo organizativo de los centros.
Miguel Ángel Santos (2000), para obviar dicho problema (trasponer debidamente el enfoque empresarial a la escuela) adopta un enfoque particular: partir de cómo una escuela como institución podría adoptar modos de trabajo que contribuya a que aprenda. De ahí que, sin desdeñar acudir a lo que puedan haber aportado dichas perspectivas no educativas, se dirija preferentemente a la literatura de una enseñanza colegiada que promueva el desarrollo profesional de modo colectivo. La escuela, como comunidad crítica de aprendizaje, es un proyecto conjunto de acción, en un ambiente de deliberación práctica y colaboración, lo que no excluye el disenso o el conflicto.
Al fin y al cabo, la imagen de un centro educativo como organización que aprende, estaba presente al concebir los centros como unidades básicas de formación e innovación, con unos procesos de investigaciónBacción cooperativa. Aquel libro de Dalin y Rust (1983) con el provocativo título )Pueden aprender las escuelas?, ya traducía Bdesde el Desarrollo OrganizativoB la idea, como por lo demás el propio autor (Dalin y Rolff, 1993) se ha encargado después de resaltar. Una visión sistémica del cambio, autoevaluación institucional como base del proceso de mejora, importancia de trabajar de modo conjunto, aprender en el proceso de trabajo, el cambio como aprendizaje, movilizar la energía interna de la organización, etc.; son ideas comunes en los movimientos de cambio educativo (escuelas eficaces, mejora de la escuela, reestructuración) y en la propuesta de Organizaciones que Aprenden. En ese sentido, no tiene nada de novedosa, conectando con los movimientos de renovación pedagógica.
Una amplia literatura ha tratado este tema, procedente del ámbito de la organización y gestión empresarial; empezando a aplicarse a los centros educativos (Fullan, 1993; Dalin y Rolff, 1993; Leithwood y Louis, 1998, Leithwood, 2000; Senge y otros, 2000 ). Por eso, es momento para preguntarse en qué sentido es coherente pretender que los centros educativos sean organizaciones que aprenden, de modo que impida recaer en errores cometidos con anteriores transferencias de estrategias del ámbito empresarial. En unos casos, quedaron como huidas hacia adelante que dejaban las cosas como estaban, mientras entretenían al personal; en otros, en orientaciones que conducían a desmantelar, más que a potenciar, la escuela pública.
En un libro reciente (Los centros educativos como organizaciones que aprenden), además de exponer algunas de las dimensiones relevantes del aprendizaje organizativo, con una amplia revisión de lo que sabemos sobre el tema, me he planteado específicamente esta cuestión. Yo estimo, por un lado, que precisamos una reconstrucción educativa del modelo, como dice Hargreaves (1998: 23), "tenemos que renovar el mismo concepto de aprendizaje de la organización de manera que se ajuste mejor a la realidad de la escuela pública". Por otro, ante la grave crisis de estrategias de gestión del cambio, la teoría de las organizaciones que aprenden ofrece un marco relevante y prometedor, a condición de que no se olviden sus limitaciones (internas y externas) en su aplicación a los centros públicos. Por eso, me he permitido subtitular el referido libro con promesa y realidades. La prometedora visión para las escuelas del futuro debe ser contrastada con las realidades, para no creer ingenuamente que podamos, o más aún que sea deseable, contar con "escuelas Toyota".
Después de haber reconocido a los centros escolares una cultura y especificidad organizativa propia, desandando el camino, podemos volver a recaer en acudir a los modos más "progresados" de organización en otros ámbitos, creyendo que Bpor eso mismoB sean más "progresistas". )Hay algo más, que haga relevante la teoría del aprendizaje organizativo
y de las Organizaciones que Aprenden?. Creo que sí, a condición de saber reconstruir educativamente la idea y el modelo (por ejemplo, como "comunidad profesional de aprendizaje"), tomando Bpor tantoB las debidas preocupaciones para que pueda contribuir a potenciar el desarrollo organizativo de los centros.
Miguel Ángel Santos (2000), para obviar dicho problema (trasponer debidamente el enfoque empresarial a la escuela) adopta un enfoque particular: partir de cómo una escuela como institución podría adoptar modos de trabajo que contribuya a que aprenda. De ahí que, sin desdeñar acudir a lo que puedan haber aportado dichas perspectivas no educativas, se dirija preferentemente a la literatura de una enseñanza colegiada que promueva el desarrollo profesional de modo colectivo. La escuela, como comunidad crítica de aprendizaje, es un proyecto conjunto de acción, en un ambiente de deliberación práctica y colaboración, lo que no excluye el disenso o el conflicto.
Al fin y al cabo, la imagen de un centro educativo como organización que aprende, estaba presente al concebir los centros como unidades básicas de formación e innovación, con unos procesos de investigaciónBacción cooperativa. Aquel libro de Dalin y Rust (1983) con el provocativo título )Pueden aprender las escuelas?, ya traducía Bdesde el Desarrollo OrganizativoB la idea, como por lo demás el propio autor (Dalin y Rolff, 1993) se ha encargado después de resaltar. Una visión sistémica del cambio, autoevaluación institucional como base del proceso de mejora, importancia de trabajar de modo conjunto, aprender en el proceso de trabajo, el cambio como aprendizaje, movilizar la energía interna de la organización, etc.; son ideas comunes en los movimientos de cambio educativo (escuelas eficaces, mejora de la escuela, reestructuración) y en la propuesta de Organizaciones que Aprenden. En ese sentido, no tiene nada de novedosa, conectando con los movimientos de renovación pedagógica.
Equipo
Sanchez, Jenny
Tambo, Norailys
Alexander, Machado
Viloria, Thaimara

La toma de decisiones dentro de una organización se enfocas de acuerdo a la dinámica de los procesos de gestión que se establecen, sin embargo lo planteado en el texto, indica que en oportunidades estas decisiones son tomadas por las urgencias presentadas y no por lo planificado, surgiendo la ruptura estructura del funcionamiento de los procesos establecidos, influyendo en el clima organizacional de la instituciones.
ResponderBorrarEn este sentido, las instituciones educativas tiene el deber de pontenciar el aprendizaje de los individuos y grupos, en un clima de aprendizaje continuo y mejora, es propio de una organización que ha situado el aprendizaje como su principal activo y valor.
La toma de decisiones se debe dar de forma colectiva donde se involucre a todas las personas involucradas en los procesos de gestión, donde exista un intercambio de informaciòn quer permita fortalecer los procesos de aprendizaje entre todos los involucrados. Este es el reto que asume las organizaciones educativas.